Disfrutar el proceso 

Llevo muchos meses entrenando para HYROX. 

Cuidando mi alimentación. Descansando. Organizándome para llegar a todo. 

Y sí, peso la comida. 

Planifico entrenos. 

Tengo disciplina. 

Pero hay una diferencia enorme entre comprometerte con algo y vivir obsesionada. 

No he convertido el bienestar en una secta ni mi vida en una competición constante por ser perfecta. No entreno para castigarme ni para demostrar nada. Lo hago porque disfruto profundamente el proceso. 

Y creo que eso es lo que marca la diferencia. 

Disfruto levantarme sabiendo que tengo un objetivo. 

Disfruto sentirme fuerte. 

Disfruto notar cómo mi cuerpo responde mejor, cómo mi mente se ordena y cómo mi energía cambia. 

Me hace feliz. 

Así de simple. 

Porque entrenar no solo me ha dado resistencia física. 

Me ha dado claridad mental, autoestima, calma y una sensación de vitalidad que no tiene precio. 

Con 50 años, poder ponerme retos grandes, cumplirlos y además disfrutarlos me parece un regalo enorme. 

Y en medio del ruido constante en el que vivimos —redes sociales, opiniones, mensajes, consejos diarios sobre cómo comer, entrenar, dormir o vivir— el deporte se ha convertido en uno de los pocos lugares donde consigo volver a mí. 

Todavía no termino de acostumbrarme a este mundo tan acelerado y tan ruidoso. 

Me encanta compartir con la gente, pero también necesito mi espacio. Mi parcela. Ese lugar donde solo estoy yo, sin comparaciones ni expectativas ajenas. 

Y muchas veces ese lugar aparece entrenando. 

Era mi tercer HYROX y sí, hice un buen tiempo. 

Pero lo más importante no fue el resultado. 

Fue todo lo que pasó antes. 

Los meses de compromiso. 

Las pequeñas decisiones diarias. 

La satisfacción de cumplir conmigo misma. 

La felicidad de sentirme viva y presente mientras lo hacía. 

Hace tiempo entendí que la vida puede cambiar en cinco segundos. Por eso ya no vivo pensando únicamente en el futuro ni esperando el momento perfecto para hacer cosas que me ilusionan. 

Creo muchísimo en esto: en tener proyectos, retos, objetivos que te enciendan por dentro. 

No importa si es HYROX, caminar, bailar, nadar o empezar algo completamente nuevo a los 40, 50 o 60. 

Lo importante es sentir esa chispa. 

Porque cuando encuentras algo que te hace cuidarte desde el amor y no desde la exigencia, algo cambia. 

Y sinceramente, creo que eso es lo más parecido a un cheque en blanco hacia la felicidad. 

Deja un comentario

Your email address will not be published. Los campos obligatorios están marcados *