Hubo una época en la que yo estaba convencida de algo.
Convencidísima.
La nada no existía.
Yo miraba a mi pareja y le preguntaba:
— “¿en qué piensas?”
Y él me decía:
— “en nada.”
Y yo:
imposible.
Imposible que no estuviera pensando en nada.
Algo habría.
Aunque fuera mínimo.
Así que empezaba el interrogatorio suave:
— “pero algo habrá, ¿no?”
— “no.”
— “¿seguro?”
— “sí.”
Y yo por dentro:
este me está ocultando algo.
Porque claro…
Para mí, “nada” no existía.
En mi cabeza siempre había cosas.
Pero no cosas sueltas.
Un universo entero.
Era algo así:
— ¿los niños se han cepillado los dientes?
— mañana tengo que comprar pan
— no queda leche
— debería escribirle a…
— ¿le contesté a ese mensaje o lo pensé y no lo hice?
— tengo que pedir cita
— no se me puede olvidar
— qué cansancio
— igual fui un poco seca ayer
— ¿y si se molestó?
— bueno, ya lo hablaré
— pero cuándo
— tengo que organizarme mejor
— no me da la vida
— debería descansar
— no estoy descansando
— ¿por qué no descanso?
— debería meditar
— no tengo tiempo para meditar
— tengo que sacar tiempo
— ¿y la lavadora?
— ¿la puse?
— creo que sí
— o no
— voy a mirar
— bueno luego
— no he llamado a mis amigas
— hace tiempo que no quedo con ellas
— debería haber ido al entreno de mi hija
— no estuve ahí
— no les presto suficiente atención
— debería estar más presente
— no llego a todo
— no lo estoy haciendo bien
Todo esto…
mientras aparentemente estoy tranquila.
Así que mi lógica era impecable:
si yo no podía no pensar en nada
nadie podía
Conclusión:
me estaba ocultando información.
Durante años viví así.
Sospechando ligeramente de esa respuesta tan tranquila.
Hasta que un día… lo entendí.
De verdad.
Nada era nada.
Y entonces descubrí algo más.
Creo que existe algo así como…
la famosa “caja de la nada” en el cerebro.
Esa cajita mágica donde puedes entrar…
y no hay absolutamente nada dentro.
Y creo (humildemente 😂) que muchos hombres:
la traen de serie.
Nosotras no.
Nosotras venimos con:
👉 la caja del todo
👉 la caja del por si acaso
👉 la caja del no se te olvide
👉 y la caja del “repasemos esto otra vez por seguridad”
👉 y la caja de la culpa (esa no falla nunca)
Mientras que ellos, en algún momento del día, pueden hacer:
click → caja de la nada
Y desaparecer.
Pantalla en blanco.
Era estar viendo una serie…
y solo ver la serie.
Sin analizar.
Sin pensar en otra cosa.
Sin montar una segunda vida mental en paralelo.
Era mirar al techo.
Y ya.
Nada.
Y cuando lo entendí, tuve dos reacciones:
- Fascinación absoluta
- Envidia (un poquito bastante)
Porque mientras tanto, en mi cabeza…
ya sabes.
Y aquí vino lo importante.
No se trataba de apagar mi mente.
Ni de convertirme en alguien que no soy.
Pero sí de entender que:
descansar también es necesario
Y que quizá…
no tenemos esa caja de la nada instalada de fábrica,
pero sí podemos crear pequeños momentos parecidos.
Cinco minutos.
Un paseo.
Una ducha sin repasar la vida entera.
No es perfecto.
Pero ayuda.
Porque nadie va a venir a instalárnosla.
Pero podemos empezar a construirla.
A nuestra manera.
Y ahora, cuando miro a mi pareja y le pregunto:
— “¿en qué piensas?”
Y me dice:
— “en nada”
Ya no pienso que me oculta algo.
Solo pienso:
qué maravilla.
Y bueno…
tengo que confesarte algo.
Yo ya me he instalado mi propia caja de la nada.
No es igual que la suya, no te voy a mentir.
La mía tiene algún pensamiento que se cuela de vez en cuando… 😂
Pero oye, funciona.
Así que si algún día me ves mirando al horizonte,
y no te contesto…
No es que te esté ignorando.
Es que estoy dentro de mi caja.
Por cierto:
La tengo monísima decorada.
😂
Con cariño,
Verónica 💚

